Si la política es la organización de la vida de un país, es decir la organización de la vida pública de una sociedad, pequeña o grande, en una ciudad, una región o un país, con la participación de todos sus ciudadanos, en igualdad, y esa política, o esos políticos se sirven de una entidad, la administración para gobernar los asuntos públicos, esa administración debería estar regida por los principios de igualdad, mérito y capacidad, sin compromisos personales.
Compromisos personales tan frecuentes en nuestra administración. Compromisos que llevan a ejercer de forma torticera el servicio público. Compromisos por parte de políticos, de alto o bajo nivel, compromisos de los altos funcionarios, los funcionarios de bajo nivel no entienden de compromisos. Toda la administración parece estar llena de compromisos personales.
Son esos compromisos personales los que están corrompiendo la administración, y no solo en los altos niveles, sino en los niveles intermedios, interfiriendo en la marcha progresiva y progresista del trabajo público.
Los compromisos personales de los de arriba acaban con el compromiso particular que cada trabajador público tiene con su entidad para ejercer sus tareas con honestidad, se menoscaba la confianza en sus superiores y se ve menguada su capacidad para desarrollar sus funciones en plenitud.
Los compromisos personales patrocinan el miedo, la inseguridad, el amiguismo, la mediocridad, la tiranía y el caciquismo.
Los compromisos personales no tienen cabida en la administración pública.
La administración pública necesita trabajadores honestos, seguros de sus actuaciones, partícipes de las decisiones, orgullosos de sus funciones, defensores de sus derechos, cumplidores de sus obligaciones. En igualdad.
Solo así, y con honradez por supuesto, se podrá organizar una sociedad, en democracia, con respeto por las ideas, independientemente de los resultados de las urnas, porque, para que nos vamos a engañar, si al final, gobierne quien nos gobierne, el resultado final dependerá de las personas, no de los colores. Y de que no haya compromisos personales.
La administración pública no necesita compromisos personales.

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